En la organización sindical, el respeto es lo fundamental

Arte por Fernando Martí, del libro nuevo de Labor Notes, Sigue Luchando: Una Guía para Organizarse Cuando Es Difícil

La solidaridad entre tus compañeras y compañeros de trabajo es tu fuente de poder contra el empleador. Un ingrediente esencial es el respeto.

En el ámbito laboral, usualmente no vivimos el respeto, sino la coerción. Por mucho que el jefe nos llame «socios» o asegure que «somos una familia», la relación de empleo es fundamentalmente antidemocrática: el empleador decide y los trabajadores tienen que obedecer.

La unión debe ser fundamentalmente diferente. Empezando por el elemento fundamental de la organización —la conversación individual—, tu objetivo es demostrar respeto hacia tus compañeras y compañeros de trabajo.

Los estás invitando a un proceso de construir un sindicato poderoso y democratico—donde sus valores, su experiencia, sus ideas y sus contribuciones importan. Los estás invitando a convertirse en organizadores.

LO QUE NOS UNE

Cuando hablas con tus colegas como organizador sindical, tu intención no es necesariamente formar una amistad, aunque eso puede ocurrir. Y no estás tratando solamente de construir relaciones con personas que compartan tus valores o opiniones políticas, aunque encontrarás a algunos y tal vez serán aliados.

Lo que estás tratando de hacer es formar lazos de solidaridad. Tal vez existan diferencias entre ustedes como la raza, el género, la edad o título de trabajo. Es fácil enfocarse en quien te cae bien y quien no, quien es buen trabajador o más flojo; quien es ambicioso, o demasiado competitivo.

Sin embargo, a pesar de todas estas opiniones, existe una realidad fundamental que, una vez reconocida, puede unir a los trabajadores: «Todos trabajamos para el mismo empleador, por lo que estamos vinculados entre nosotros. Si queremos cambiar algo aquí, nuestra mejor esperanza reside en trabajar juntos».

Desarrollar esta comprensión de nuestro interés común es la clave para superar las divisiones. La fuerza de los trabajadores reside en nuestro número y en nuestra unidad. Para construir poder, necesitaremos establecer relaciones con todo tipo de personas.

Sé honesto con la gente sobre por qué estás hablando con ellos, y porque tienes tanta curiosidad sobre sus experiencias y opiniones. Por ejemplo: ‹‹Siento que las cosas en el trabajo no van bien. Quiero resolver los problemas. Quiero que nuestro sindicato sea más fuerte.›› ¿Eso suena a que tienes segundas intenciones? Todo lo contrario. Estás compartiendo tus valores y demostrando tu honestidad.

Puedes demostrar respeto, aprender más sobre tus colegas, y desarrollar relaciones de solidaridad en cada momento, con todos, en tus interacciones más casuales y las más profundas.

DEMUESTRA CURIOSIDAD

Una de las cualidades más importantes que puedes cultivar como activista sindical es la curiosidad: de verdad querer saber algo sobre la persona con quien estás hablando.

Para eso, tendrás que escuchar más de lo que hablas. Muchos organizadores sugieren que debes hablar el 80% del tiempo y hablar el 20%. Sin embargo, la curiosidad va más allá.

De verdad escucha—no solo busques la oportunidad para hablar sobre el sindicato. Entrégate a hacer el tipo de preguntas que plantearías si estuvieras en una fiesta conociendo por primera vez a alguien que realmente te agrada. Todo lo que esa persona comenta son temas en los que tú también has estado pensando; sigues haciendo preguntas porque lo que dice te resulta fascinante.

No tienes que fingir. Las personas motivadas por hacer que su sindicato sea más democrático suelen interesarse por sus compañeras y compañeros de trabajo, incluso por aquellos que no son de su agrado. No todos te caerán bien, pero aun así puedes intentar encontrar algo que te vincule con ellos. Deja que ese interés genuino por cada uno de tus colegas surja de forma natural a partir de tu compromiso de construir un sindicato más fuerte.

PREGUNTAS Y RESPUESTAS

Empiece por hacer preguntas y sobre las cuales su colega pueda hablar con seguridad. Esto no significa necesariamente pedirles que enumeren sus problemas en el trabajo; de hecho, es posible que esa no sea una pregunta que puedan responder fácilmente. Muchas personas no dedican tiempo a pensar en los problemas porque creen que no se puede hacer nada para cambiar la situación; se sienten impotentes.

Así que, al principio de la relación, después de haber conocido un poco a la persona —dónde vive, cuál es su situación familiar, qué es importante para ella fuera del trabajo—, es bueno dejar que te hable de su trabajo. Podrías hacer preguntas como:

-¿Que haces aquí?
-¿Cuánto tiempo has trabajado aquí?
-¿Cómo terminaste trabajando aquí?
-¿Qué opinas de este lugar?
-¿Qué te gusta de este trabajo?
-¿Te ha tocado conocer a las personas con quien trabajas?
-¿Qué opinas del jefe?
-¿Qué te molesta de trabajar aquí?
-¿Piensas en buscar otro trabajo?
-¿Tus trabajos anteriores, han sido mejores o peores?
-¿Has tratado de hacer algo para mejorar las cosas?
-¿Cuál fue el resultado?
-¿A quién admiras en el trabajo?
-¿En quién confías?
-¿En quién no confías?

Nada de esto es charla trivial. Todo ello te ayudará a formar una idea de quién es esa persona en el contexto de este lugar de trabajo. Estás construyendo una imagen de lo que podría hacer falta para invitar a esta persona a participar en un proceso colectivo; ese es tu objetivo. ¡A menudo, lo mínimo que se requiere es que sientan que hay alguien en el sindicato que les ha mostrado respeto!

BUSCA VALORES SINDICALES

El respeto tiene que ver con la naturaleza de la interacción; no se trata de seguir un guión. Empieza con la convicción de que cada compañero de trabajo posee dignidad, es capaz de pensar y planificar, y puede colaborar con los demás para resolver sus problemas.

Sin esta convicción, tenderemos a esperar que otra persona —ya sea el jefe, Recursos Humanos o algún político carismático— resuelva nuestros problemas. Pero eso no funcionará, porque, en realidad, esas personas se ocupan de sus propios problemas, no de los nuestros.

Una forma de mostrar respeto a tus compañeras y compañeros de trabajo es simplemente interesarte por cómo se encuentran y, sobre todo, por lo que están haciendo. Puede parecer que un compañero es apático, que no se entera de nada o que se ha resignado a malas condiciones; pero, en realidad, casi todo el mundo habrá intentado hacer algo para protegerse, mejorar la situación o ayudar a los demás en el trabajo.

Busca ese ingrediente especial —que estará presente en casi todas las personas que conozcas— que demuestre que comparten algún valor sindical, como la compasión, la cooperación o el pensamiento independiente. Cuando percibas aunque sea una mínima señal de ello, ¡pregunta más al respecto!

Por ejemplo:

‹‹Me di cuenta que te viste irritado cuando el jefe describía el proceso nuevo. ¿En qué estabas pensando?››
‹‹Me ayudaste mucho cuando tuve ese problema. ¿Como lo pudiste resolver?››
‹‹Vi que le recordaste a nuestra compañera nueva que no tenía por qué trabajar horas extra, aunque el jefe la estaba presionando. ¿Qué tal salió?››
‹‹¿Cómo has podido evitar los grupos en el trabajo? Parece que te llevas bien con todos.››

Y mantén la honestidad. No busques agradar ni adular; simplemente sigue tu curiosidad y reacciona a lo que surja en la conversación.

Este tipo de conversación puede ser una forma excelente para entender los valores y motivaciones de tus colegas en el trabajo, así como las cosas que realmente les importan. Es ahí donde puedes encontrar puntos en común. Comienza con la idea que tus colegas tienen dignidad y merecen tener voz sobre sus propias vidas, y comenzarás a ver el camino para construir poder colectivo.