Cómo una huelga quirúrgica desde abajo obligó a Amazon a ceder en España

Trabajadores de Amazon en Murcia, España, hicieron huelga en noviembre y diciembre de 2025. Foto: CGT
En noviembre y diciembre de 2025 promovimos y coordinamos, desde la Confederación General del Trabajo (CGT), una huelga en el centro logístico de Amazon RMU1, en Murcia. En ese momento trabajaban allí alrededor de 2.000 trabajadores y trabajadoras. La experiencia demuestra que, incluso en una multinacional diseñada para neutralizar la organización colectiva, una huelga bien diseñada —basada en el conocimiento real del proceso productivo y en la autoorganización— puede golpear donde más duele y arrancar conquistas materiales.
Punto de partida: fuerza social y bloqueo institucional
En Amazon RMU1 la representación sindical se articula a través de secciones sindicales que conforman el Comité de Empresa. En las últimas elecciones sindicales, CGT se convirtió en la segunda fuerza, tras CCOO, gracias a una campaña basada casi exclusivamente en el contacto directo con la plantilla, turno a turno y área por área.
Desde el inicio chocamos con un límite claro: la mayoría del Comité (CCOO y UGT) se negaba a convocar una Asamblea General de Trabajadores para votar una huelga, pese al creciente malestar. En 2024 llegamos a recoger más de 800 firmas para forzarla legalmente, pero la empresa presionó y la administración laboral no hizo cumplir la ley. Aquello nos obligó a frenar temporalmente, pero también nos dio algo clave: tiempo para analizar a fondo la estrategia a seguir.
Preparar el terreno: organización invisible
En septiembre de 2025 el clima en la nave era ya insostenible. Empezamos una campaña deliberadamente sencilla: hablar con la gente, editar nuestra revista de centro (La Cegetera) y nombrar abiertamente la huelga. No hubo grandes actos ni gestos simbólicos. El trabajo fue cotidiano y constante. En definitiva, agitar el avispero.
En una asamblea de la sección sindical de CGT decidimos, por mayoría abrumadora, convocar la huelga en dos fases: noviembre como ensayo general y diciembre como ofensiva principal. Desde el principio tuvimos claro que una huelga clásica no funcionaría. Amazon está preparada para eso.
La táctica central: entrar a trabajar… y parar en el momento justo
La clave fue romper el guion esperado por la empresa. Durante los días de huelga, la plantilla entraba a trabajar con normalidad. No había piquetes visibles al inicio de turno ni sensación de conflicto. Esto generó una falsa percepción de control y confianza en la dirección.
La huelga comenzaba en los picos de producción, cuando cada minuto cuenta. En esos momentos, los trabajadores abandonaban coordinadamente sus puestos y salían al exterior, donde ya estábamos organizados.
El impacto fue inmediato. El primer día de huelga en noviembre, más de 40 camiones no salieron a tiempo, algo extremadamente grave en una empresa logística. Cuando los trabajadores regresaban a sus puestos tras el pico de trabajo, el daño ya estaba hecho y la empresa entraba en caos organizativo, sin capacidad de recolocar a la plantilla ni recomponer los flujos productivos.
Microasambleas y adaptación constante
Otro elemento decisivo fue la descentralización de las decisiones. La huelga no se dirigía de arriba abajo. Los trabajadores se organizaron en pequeños grupos por áreas o departamentos, decidiendo colectivamente cuándo salir, cuánto tiempo y cómo coordinarse con otros grupos.
Desde la sección sindical alentamos esa dinámica y la reforzamos: aportamos información, no órdenes. Cuando Amazon intentó neutralizar la huelga modificando los horarios de máxima producción, fueron los propios compañeros quienes lo detectaron y ajustaron la táctica en tiempo real.
Esto tuvo dos efectos fundamentales: permitió adaptarnos a cada movimiento de la empresa y redujo el coste individual de la huelga, ya que no se perdía la jornada completa. Eso facilitó un seguimiento masivo y sostenido.
Los departamentos más decisivos fueron Shipping (expedición) e Inbound (recepción), aunque el seguimiento fue alto en toda la nave. A pesar de que los turnos con mayor presencia de CGT fueron especialmente fuertes, la huelga se extendió incluso a trabajadores afiliados a otros sindicatos, superando las siglas en la práctica.
De la producción al convenio: convertir el golpe en conquistas
La huelga no se quedó dentro del centro logístico. El impacto productivo y la visibilidad del conflicto abrieron un frente institucional. A través de alianzas sindicales y políticas, el conflicto llegó a la Asamblea Regional de Murcia, que aprobó por unanimidad una declaración de apoyo a la plantilla de Amazon.
Ese respaldo, unido al daño económico causado, cambió la correlación de fuerzas. Aunque Amazon evitó negociar directamente, nuestro aliado, el sindicato USO, utilizó la fuerza generada por la huelga para desbloquear la renovación de un convenio sectorial que llevaba más de diez años caducado.
Las conquistas fueron claras y medibles:
- Subida salarial acumulada del 14 % para 2026, con incrementos adicionales del 4 % en 2027 y 2028.
- Plus de 40 euros brutos por domingo trabajado.
- Un día adicional de asuntos propios y otro de vacaciones.
- Mejora de la baja médica hasta el 100 % de la base reguladora.
- Incrementos progresivos del plus de nocturnidad.
- Integración del plus de transporte en el salario base, consolidando derechos a largo plazo.
Conclusión
Nada de esto fue casual. El éxito de la huelga se basó en conocer el proceso productivo mejor que la empresa, confiar en la inteligencia colectiva de la plantilla y romper con los modelos de movilización previsibles.
Amazon sigue siendo Amazon, pero durante esas semanas demostramos algo fundamental: incluso en el corazón de la logística global, una huelga quirúrgica, desde abajo y bien pensada, puede parar la máquina y ganar.
Alfonso Martínez Valero
Trabajador de Amazon y Secretario de la Sección Sindical de CGT en RMU1
Delegado de Personal de CGT en Amazon RMU1
Portavoz del Comité de Huelga en Amazon RMU1





